La literatura de terror no siempre necesita monstruos sobrenaturales para provocar miedo. En el nuevo episodio de Historias y Fantasmas, Chuy Campos conversa con la escritora mexicana Lola Ancira sobre una trayectoria marcada por autores como Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga y H. P. Lovecraft, pero también por un profundo interés en la historia social de México. Su obra se mueve entre el cuento breve, lo fantástico y lo que ella denomina terror social, una forma de narrativa que encuentra lo perturbador en la violencia, el encierro, la discriminación y las instituciones que marcaron a generaciones enteras.
Uno de los ejes centrales de la conversación es Tristes sombras, un libro integrado por doce cuentos de ficción histórica construidos a partir de investigaciones y expedientes reales. Seis relatos están relacionados con el antiguo hospital psiquiátrico de La Castañeda y los otros seis con la prisión de Lecumberri, dos espacios profundamente ligados a historias de marginación, enfermedad, castigo y abandono. Ancira utiliza estos escenarios no solo como fondo, sino como protagonistas emocionales, recuperando voces y experiencias de personas que quedaron reducidas durante décadas a diagnósticos, archivos o cifras institucionales.
El episodio también revisa cómo determinadas ideas hoy desacreditadas científicamente, como la eugenesia y la frenología, fueron utilizadas en siglos pasados para justificar prejuicios y clasificar a las personas según su apariencia o supuestas características hereditarias. Dentro de este contexto aparece la historia de Julia Pastrana, una mujer mexicana del siglo XIX cuya condición física fue explotada comercialmente en espectáculos internacionales. Lola Ancira recupera su historia en el cuento Raíces y Filamentos, buscando desplazar la mirada del espectáculo hacia la persona y recordar que detrás de la curiosidad pública existió una mujer inteligente, políglota y víctima de una profunda deshumanización.
La memoria también ocupa un lugar fundamental en la obra de Ancira, especialmente a través de los sentidos. En algunos de sus relatos, el olfato funciona como un vínculo entre el presente y quienes ya murieron, a partir de aromas capaces de activar recuerdos extremadamente vívidos. La conversación lleva incluso a la antigua práctica de la fotografía postmortem infantil, conocida como muerte niña, y a una ficción sobre una sustancia capaz de reproducir el olor de una persona fallecida para acompañar el duelo. Chuy Campos y Lola comparten además experiencias sobre perfumes, humo de tabaco y otros aromas que parecen devolver por instantes la presencia de seres queridos, un fenómeno que puede explicarse desde la memoria sensorial, aunque para muchas personas también posee una dimensión emocional o espiritual.
Finalmente, la charla introduce el concepto de psicogeografía, que estudia cómo los espacios influyen en las emociones y la conducta de quienes los recorren o habitan. Las ruinas de La Castañeda sirven como ejemplo perfecto: lugares donde la historia, la memoria colectiva y el abandono parecen superponerse. Ancira recuerda testimonios como el de la historiadora Cristina Sacristán, quien relató haber escuchado una puerta cerrarse durante una filmación en un sitio donde ya no existía ninguna estructura que pudiera producir ese sonido, y también habla de Martín, uno de los últimos habitantes del hospital, cuya vida inspiró uno de sus cuentos. Más allá de lo paranormal, Historias y Fantasmas plantea que contar estas historias es una forma de resistencia contra el olvido: mientras alguien las narre, quienes habitaron esos espacios no desaparecen por completo.


