¿Qué significa realmente hacer un pacto con una entidad y qué ocurre después de pronunciar ese compromiso? En el nuevo episodio de Invitado a lo Desconocido, Driel Molmont y Armando Bonilla conversan con Curandere, ocultista dedicado al estudio de tradiciones heréticas mexicanas, sobre sus experiencias dentro de la brujería, los pactos que asegura haber realizado y las consecuencias que atribuye a seguir el llamado sendero de la mano izquierda. Lejos de la imagen popular de “vender el alma al Diablo” a cambio de dinero o poder, el invitado describe el pacto como un proceso de integración con determinadas fuerzas espirituales que, desde su cosmovisión, exige disciplina, compromisos y una transformación profunda de quien decide recorrer ese camino.
La relación de Curandere con estas prácticas comenzó durante su adolescencia en Chihuahua. Según relata, alrededor de los 14 años atravesó una ruptura personal provocada por las diferencias religiosas dentro de su familia y por sentirse rechazado debido a su sexualidad en entornos católicos y protestantes. Aquella experiencia lo llevó a buscar precisamente aquello que las instituciones religiosas presentaban como el “enemigo”. Durante sus primeras aproximaciones al ocultismo frecuentó un grupo llamado Los Picos de la Luna y comenzó a experimentar fenómenos que interpretó como contactos espirituales: una proyección astral en la que observó la imagen de un chivo, un gallo y una figura infantil, un periodo posterior de profunda depresión y una experiencia entre la parálisis del sueño y la proyección en la que asegura haber recibido una marca física en el brazo. Para Curandere, estos acontecimientos representaron el comienzo de un sendero del que ya no podría separarse fácilmente.
Durante la conversación, el invitado diferencia además la brujería mexicana de ciertas corrientes estadounidenses que ha conocido durante viajes a lugares como Salem, Massachusetts, y Falfurrias, Texas. Desde su experiencia, algunas prácticas norteamericanas conservan estructuras jerárquicas influenciadas por el protestantismo, mientras que determinadas tradiciones mexicanas mantienen una relación más directa y desafiante con los espíritus. Curandere sostiene que la verdadera enseñanza de la brujería no procede únicamente de libros o cursos, sino de aquello que el practicante interpreta que aprende directamente de las entidades. En este contexto aparecen conceptos como el sendero de la mano izquierda, el simbolismo del Diablo y actos de transgresión religiosa que utiliza para explicar procesos de ruptura con antiguas creencias. Driel y Armando profundizan entonces en una cuestión fundamental: si el pacto no consiste simplemente en obtener algo, ¿qué está dispuesto a entregar quien decide realizarlo?
Curandere asegura haber atravesado tres pactos principales, incluido uno realizado recientemente en un espacio abierto de Texas. Su relato incluye elementos rituales, señales provenientes del entorno y fenómenos naturales que interpretó como manifestaciones de la presencia con la que buscaba establecer contacto. Habla de vientos repentinos, coyotes aullando, modificaciones en el comportamiento del fuego y acontecimientos físicos que adquirieron para él un significado ritual. Antes de concentrarse en la figura del Charro, explica haber trabajado también con representaciones y deidades como Hades y Zeus. Estas experiencias son narradas desde la interpretación espiritual y personal del invitado; el episodio no las presenta como fenómenos cuya naturaleza sobrenatural haya sido demostrada científicamente.
Uno de los aspectos más inquietantes del testimonio es la afirmación de que un pacto deja consecuencias permanentes. Curandere considera que puede modificarse la relación con una presencia, pero que la marca producida por el compromiso nunca desaparece completamente. También asegura mantener obligaciones periódicas con las ánimas del purgatorio y relaciona determinados problemas cotidianos con momentos en los que ha incumplido esas responsabilidades. Sin embargo, insiste en que no concibe el pacto como un mecanismo automático para conseguir riquezas. En lugar de pedir dinero directamente, afirma buscar estabilidad, trabajo y oportunidades para continuar difundiendo sus conocimientos. Para él, la palabra empeñada es el centro del proceso: quien establece un compromiso debe asumir también las consecuencias de cumplirlo o romperlo.
El episodio de Invitado a lo Desconocido termina mostrando una cara del ocultismo muy distinta de aquella que suele aparecer en películas o historias populares. Para Curandere, recorrer el sendero de la mano izquierda supone cuestionar estructuras religiosas, enfrentarse a los propios límites y aceptar que determinadas decisiones pueden modificar radicalmente la vida personal. Actualmente comparte parte de estas enseñanzas con una primera generación de iniciados, aunque describe el pacto como una experiencia esencialmente solitaria. Entre las preguntas de Driel Molmont y Armando Bonilla queda una advertencia que atraviesa toda la conversación: acercarse a estas prácticas desde la cosmovisión del invitado no significa simplemente ejecutar un ritual para obtener un deseo, sino aceptar un compromiso que él considera capaz de acompañar al practicante durante el resto de su vida.


