En las montañas, pueblos y caminos del sur de México todavía sobreviven relatos donde la frontera entre el ser humano y el animal parece desaparecer. Historias sobre hombres capaces de convertirse en coyotes, criaturas que recorren los campos durante la noche y comunidades que conservarían conocimientos transmitidos durante generaciones forman parte de un imaginario que continúa vivo. En un nuevo episodio de Historias y Fantasmas, Chuy Campos recibe a Luiski, de 180 LPM Podcast, para adentrarse en las leyendas del Istmo de Tehuantepec y explorar una de las figuras más inquietantes de la tradición mesoamericana: el nahual. La conversación recorre Oaxaca y Veracruz entre relatos históricos, experiencias personales, fotografías virales y testimonios que plantean una pregunta inevitable: ¿hasta dónde termina el mito y comienza algo que todavía no comprendemos?
El nahualismo posee raíces profundas en las culturas mesoamericanas y adopta distintas interpretaciones dependiendo de la comunidad. Durante el episodio se recuperan conceptos estudiados por investigadores como Alfredo López Austin, quien abordó diferentes concepciones relacionadas con la capacidad de transformación y las entidades anímicas dentro del pensamiento mesoamericano. En la tradición oral, sin embargo, las historias pueden ser mucho más directas: existen relatos sobre personas capaces de adquirir características animales o proyectar parte de su conciencia hacia otra criatura. Algunas versiones describen rituales tan particulares como realizar trece saltos hacia atrás o rodar siete veces para desprender simbólicamente la condición humana. Más que una sola creencia uniforme, el nahual aparece así como un fenómeno cultural compuesto por múltiples tradiciones que han cambiado durante siglos.
Luiski lleva la conversación a un terreno todavía más misterioso al compartir una experiencia ocurrida en una región montañosa de Veracruz. El creador de 180 LPM relata haber visitado un convento ubicado en una zona cuya localización mantiene reservada. Según su testimonio, las religiosas del lugar no solamente producirían café: también conocerían la existencia de una comunidad asociada con el nahualismo. Luiski describe individuos con particularidades físicas que, según lo que le fue contado durante aquella experiencia, les facilitarían desplazarse por terrenos rocosos. La ubicación permanecería protegida precisamente para impedir que personas externas llegaran al lugar con intenciones de convertir a sus habitantes en objetos de experimentación. Se trata de un relato testimonial presentado por el invitado y no de la existencia científicamente demostrada de una colonia de seres capaces de transformarse.
La charla recupera también una historia situada alrededor de 1930 en el barrio de Lieza, Tehuantepec. De acuerdo con el relato presentado, los habitantes sospechaban que un hombre conocido como Tacho poseía conocimientos chamánicos. La tensión aumentó después de que un campesino asegurara haber encontrado dentro de una cueva una criatura con ojos intensamente rojos y facciones que le recordaban al propio Tacho. Una turba habría acudido posteriormente a su vivienda, donde supuestamente encontró muebles marcados por garras y restos de pelaje. Tras la desaparición del hombre, los ataques contra animales de la región habrían terminado. Como sucede con numerosas historias transmitidas oralmente, separar acontecimientos verificables de los elementos incorporados con el paso de las generaciones constituye parte del misterio.
Chuy Campos aporta uno de sus propios encuentros de campo al recordar a Paya, un hombre al que entrevistó en Coatzacoalcos y alrededor del cual existían rumores de nahualismo. Según el testimonio narrado en el programa, un ganadero había disparado contra un coyote y posteriormente Paya apareció con una lesión en la pierna. Lo verdaderamente inquietante fue la explicación que el hombre habría dado sobre sus transformaciones: describió una sensación semejante a estar sumergido bajo el agua, acompañada por una alteración de la visión hacia tonalidades rojizas. Aseguraba conservar parte de su conciencia humana mientras los instintos del animal comenzaban a dominar su comportamiento. El episodio no presenta este relato como prueba de una metamorfosis biológica, sino como un testimonio que refleja la persistencia contemporánea de creencias que llevan siglos formando parte de determinadas comunidades.
Precisamente por ello, Chuy y Luiski también ponen sobre la mesa el problema de las falsas evidencias paranormales. Uno de los casos analizados es una fotografía viralizada en 2023 y atribuida a un supuesto nahual fotografiado en Juchitán. La imagen mostraba una criatura semejante a un enorme perro con extremidades de apariencia humana y terminó vinculándose incluso con un conocido brujo de Catemaco. Sin embargo, una búsqueda inversa permitió rastrear versiones anteriores de la misma fotografía fuera de México, donde ya había circulado asociada con historias diferentes. El caso demuestra uno de los mayores desafíos para la investigación paranormal contemporánea: una fotografía descontextualizada puede adquirir rápidamente una nueva identidad cuando entra en contacto con una tradición cultural suficientemente poderosa.
El episodio propone además una reflexión interesante sobre la percepción y el papel de la cultura en aquello que consideramos posible. Chuy menciona relatos de comunidades capaces de reconocer estímulos que para otras personas pasarían inadvertidos y plantea cómo el cerebro aprende a priorizar determinados elementos del entorno. La conversación recuerda que nuestra percepción no funciona como una cámara que registra absolutamente todo, sino mediante procesos que seleccionan información constantemente. Desde una perspectiva antropológica, autores como Claude Lévi-Strauss estudiaron precisamente la relación entre sistemas culturales, creencias y la eficacia que determinadas prácticas adquieren dentro de una comunidad. Esto no demuestra literalmente la transformación de una persona en animal, pero ayuda a entender por qué reducir el nahualismo simplemente a “superstición” significa ignorar su enorme complejidad histórica y cultural.
La ruta por el Istmo conduce finalmente hasta otro de los grandes símbolos del imaginario mexicano: La Llorona. Durante la conversación se presenta una tradición oaxaqueña que relaciona una versión de su historia con una pareja separada por la Revolución Mexicana. El hombre habría muerto después de ser reclutado para combatir y, antes de fallecer, habría dictado versos relacionados con la mujer que dejó atrás. Ella, tras conocer su muerte, habría acudido al río hasta desaparecer, dejando únicamente su huipil. La historia se entrelaza con las distintas versiones de la célebre canción La Llorona, cuya procedencia y evolución reúnen múltiples tradiciones y atribuciones. El ejemplo permite observar cómo un acontecimiento, una canción y una leyenda pueden mezclarse hasta convertirse en patrimonio oral de varias generaciones.
Más allá de demostrar si un hombre puede convertirse físicamente en coyote, el nuevo episodio de Historias y Fantasmas plantea algo quizá todavía más fascinante: ¿por qué las historias sobre nahuales continúan sobreviviendo donde tantas otras creencias desaparecieron? Entre Oaxaca y Veracruz, el nahual permanece ligado a la identidad de pueblos, familias, curanderos y narradores que transmiten historias escuchadas desde la infancia. Chuy Campos y Luiski recorren ese territorio sin ignorar los fraudes modernos, pero tampoco descartando automáticamente aquello que la tradición conserva. Porque entre fotografías falsas, testimonios imposibles de verificar y siglos de memoria colectiva permanece una figura que se resiste a desaparecer. Y quizá el verdadero misterio del nahual no esté únicamente en preguntarnos si alguien puede convertirse en animal, sino en comprender qué conocimiento, miedo y memoria ancestral hemos escondido detrás de esa transformación.


