Lo que comenzó como un simple regalo de cumpleaños terminó convirtiéndose en una experiencia que marcaría a Luisky para siempre. A los 17 años, sin conocimiento ni preparación, decidió jugar con la Ouija junto a sus amigos, creyendo que se trataba de un juego inofensivo. Sin embargo, desde el primer momento, algo no encajaba: la tabla respondía… pero no a él.
La situación se volvió inquietante cuando la entidad comenzó a comunicarse directamente sobre Luisky. Aseguraba que no quería jugar con él por algo que llevaba en el cuello: una medalla bendita. Al quitársela, la interacción cambió de inmediato. La tabla comenzó a moverse bajo sus dedos y dejó un mensaje que lo heló por completo: “ya te veré”. Desde ese instante, el ambiente dejó de ser un juego y se transformó en algo mucho más oscuro.
El punto más perturbador llegó cuando preguntaron dónde estaba la entidad. La respuesta fue clara: “aquí con ustedes”. El miedo se apoderó del grupo, provocando que terminaran la sesión abruptamente, cometiendo uno de los errores más comunes y peligrosos: no cerrar el juego correctamente. Sin saberlo, ese acto pudo haber dejado una puerta abierta.
Esa misma noche comenzaron las consecuencias. Desde comportamientos extraños en su novia hasta pesadillas intensas con entidades oscuras, la experiencia escaló rápidamente. Pero lo más impactante ocurrió cuando su tía sintió que algo la jaló del cabello con fuerza mientras dormía, acompañado de una voz que gritó “¡déjalo!”. A partir de ese momento, la casa comenzó a presentar manifestaciones inexplicables.
Con el paso del tiempo, las apariciones continuaron: sombras, voces, e incluso la figura de un niño que diferentes personas afirmaban ver dentro de la casa. Aunque se realizaron rituales y bendiciones, la sensación de haber abierto algo nunca desapareció por completo. Hoy, Luisky tiene claro un mensaje: hay cosas con las que no se debe jugar, especialmente cuando no se comprenden.


