Mucho antes de convertirse en material recurrente del cine de terror, el espiritismo aspiró a presentarse como una doctrina filosófica capaz de estudiar la comunicación con los muertos. En un nuevo episodio de Historias y Fantasmas, Chuy Campos conversa con el escritor y filósofo José Manuel Cuéllar sobre Allan Kardec, seudónimo de Hippolyte Léon Denizard Rivail, quien durante el siglo XIX sistematizó las ideas del espiritismo moderno. Entre sus planteamientos aparecen la comunicación mediúmnica, la supervivencia del alma y la reencarnación. Cuéllar destaca especialmente las implicaciones sociales de esta última: si una misma alma podía atravesar distintas condiciones, sexos y posiciones sociales a lo largo de sucesivas existencias, las jerarquías del mundo material perdían parte de su pretendida permanencia.
México encontró en estas ideas un terreno particularmente fértil. Uno de los ejemplos históricos más conocidos es Francisco I. Madero, quien practicó el espiritismo y dejó escritos mediúmnicos antes de convertirse en una de las figuras centrales de la Revolución Mexicana. En el episodio se habla de mensajes atribuidos a su hermano fallecido Raúl y a una entidad identificada como “José”, a cuyos consejos Madero otorgaba importancia moral y personal. La conversación también recupera a Refugio I. González, vinculado con La Ilustración Espírita, así como el interés que el espiritismo y otras corrientes espiritualistas despertaron entre intelectuales mexicanos. Estas influencias permiten observar una historia cultural menos conocida del país, aunque conviene distinguir entre la existencia documentada de estas creencias y la afirmación sobrenatural de que los mensajes recibidos procedieran realmente de personas fallecidas.
El espiritismo también abrió espacios poco habituales para las mujeres del siglo XIX. José Manuel Cuéllar explica que muchas sesiones se desarrollaban dentro del ámbito doméstico y que las mujeres podían asumir papeles centrales como médiums, escritoras y transmisoras de mensajes. En ese contexto aparece Laureana Wright de Kleinhans, figura relevante del feminismo mexicano, periodista y defensora de la educación de las mujeres, cuya trayectoria estuvo relacionada también con círculos espiritistas. El episodio analiza así cómo una doctrina religiosa y filosófica pudo entrecruzarse con debates sobre igualdad, educación y emancipación femenina en una sociedad donde los espacios públicos de autoridad permanecían profundamente restringidos para las mujeres.
Esta historia subterránea alimenta Bucareli 158, la novela de Cuéllar inspirada en una casona construida a principios del siglo XX. El escritor mezcla ficción con investigación histórica, crónicas de nota roja, ocultismo y personajes inspirados en figuras que marcaron el imaginario criminal de la Ciudad de México, entre ellos Gregorio “Goyo” Cárdenas, conocido como el Estrangulador de Tacuba. Rituales, misas negras, espiritismo y las relaciones entre poder y esoterismo sirven para reconstruir una capital diferente a la de la historia oficial. Cuéllar relata además experiencias extrañas ocurridas durante el proceso de escritura, entre ellas voces cuyo origen no pudo identificar, mientras Chuy Campos recuerda una sesión en Tacuba durante la cual asegura haber presenciado el movimiento inexplicable de una mesa. Son testimonios personales que, por sí mismos, no permiten establecer una causa paranormal.
Las antiguas sesiones espiritistas estuvieron rodeadas de relatos sobre mesas que levitaban, voces, apariciones y supuestas materializaciones de ectoplasma, fenómenos que históricamente también estuvieron expuestos a fraudes, trucos de ilusionismo y explicaciones naturales. Precisamente ahí se encuentra el territorio que exploran Historias y Fantasmas y Bucareli 158: la frontera entre documentos históricos, creencias, experiencias personales y aquello que continúa sin explicación para quienes aseguran haberlo presenciado. Cuéllar adelanta incluso su intención de realizar una nueva sesión espiritista en la casona que inspira su obra. Más de un siglo después de la llegada del espiritismo moderno a México, permanece una pregunta que ha acompañado al movimiento desde sus orígenes: si fuera posible hablar con los muertos, ¿qué estaríamos realmente escuchando?


