¿Problemas económicos, enfermedades, conflictos de pareja o una sucesión inexplicable de acontecimientos negativos podrían indicar la presencia de un enemigo oculto? Dentro de distintas tradiciones espirituales existen interpretaciones que atribuyen determinadas rachas adversas a influencias energéticas provocadas deliberadamente por otras personas. En un nuevo episodio de Invitado a lo Desconocido, Armando Bonilla y Driel Molmont reciben al Babalawo Otura para adentrarse en el terreno de la salación, la brujería, los ataques espirituales y, sobre todo, las consecuencias de responder a una agresión mediante la venganza. Para el invitado, existe una diferencia fundamental entre protegerse y decidir convertirse en quien ataca.
Otura dirige la casa religiosa Ile Oturacoy y explica que su camino espiritual comenzó después de una transformación radical en su vida. Antes de ejercer como Babalawo, asegura haber trabajado durante aproximadamente veinte años como abogado y empresario. La pérdida de aquello que había construido terminó conduciéndolo hacia lo que considera su verdadero destino. Actualmente encabeza una comunidad integrada, según sus propias cifras, por miles de personas, mientras su esposa e hijas desarrollan actividades dentro de la Santería o Regla de Osha. Para Otura, la prosperidad material no necesariamente representa estabilidad: afirma haber conocido personas económicamente poderosas cuyos problemas personales son considerablemente mayores que los de individuos con muchos menos recursos.
Uno de los conceptos centrales de la conversación es la llamada “salación”. Otura utiliza este término para describir un periodo en el que distintas áreas de la vida comienzan a deteriorarse, desde la economía y la salud hasta las relaciones personales. Distingue entre una salación “natural”, asociada con circunstancias adversas, y otra que considera “propiciada”, es decir, causada intencionalmente mediante prácticas espirituales. Desde su tradición, sin embargo, atravesar una mala etapa no sería suficiente para concluir automáticamente que existe brujería. Por eso insiste en que cualquier intervención debe comenzar mediante una consulta religiosa y no desde el miedo o la sospecha.
Aquí entra en escena Orula, una figura fundamental dentro de la tradición de Ifá. Otura explica que consulta el oráculo antes de realizar determinadas obras para conocer si debe intervenir y de qué manera. Esta práctica establece, dentro de su sistema religioso, una diferencia entre actuar impulsado por el enojo y responder conforme a aquello que considera permitido espiritualmente. Incluso frente a una agresión, sostiene que la persona no debería asumir automáticamente que tiene derecho a devolver el daño. La defensa sería legítima; la venganza deliberada, en cambio, abriría un nuevo conflicto cuyas consecuencias podrían superar ampliamente el problema original.
Precisamente, una de las advertencias más contundentes del episodio gira alrededor de las llamadas guerras mágicas. Otura resume su postura con una idea conocida: quien busca venganza debería estar preparado para “cavar dos tumbas”. Desde su cosmovisión, cualquier daño enviado intencionalmente genera una deuda espiritual que eventualmente debe ser enfrentada. Incluso sostiene que determinadas consecuencias podrían alcanzar hasta tres generaciones de una familia, manifestándose como dificultades para establecer relaciones, prosperar o construir estabilidad. Estas afirmaciones pertenecen al marco religioso y espiritual explicado por el invitado y no constituyen mecanismos demostrados científicamente de transmisión de enfermedades, infortunio o problemas familiares.
Durante la entrevista también aparecen experiencias mucho más inquietantes. Otura recuerda el caso de una mujer cuya sesión espiritual habría desembocado, según su testimonio, en un fenómeno extraordinario frente a varios presentes. También habla de accidentes sufridos por practicantes, conflictos derivados de trabajos realizados incorrectamente y episodios en los que personas que intentaron perjudicar espiritualmente a otras terminaron experimentando graves consecuencias. Otro relato involucra a un hombre dedicado al tráfico ilegal de combustible que murió incendiado dentro de un vehículo después de que su esposa recibiera una intervención espiritual. La proximidad temporal entre estos acontecimientos forma parte del relato de Otura, pero no demuestra por sí misma una relación causal sobrenatural.
La conversación también toca un problema que trasciende cualquier creencia paranormal: el abuso de poder dentro de comunidades religiosas. Otura critica duramente a quienes utilizan la figura del “padrino” para intimidar, controlar o extorsionar a sus ahijados. Para él, estas conductas no representan autoridad espiritual, sino narcisismo y manipulación. El episodio advierte así sobre la importancia de distinguir entre acompañamiento religioso y relaciones donde el miedo se utiliza para obtener dinero, obediencia o dependencia. Una amenaza presentada como consecuencia sobrenatural no deja de ser una forma de coerción cuando se utiliza para controlar a otra persona.
Otro punto importante es la ceremonia conocida como Mano de Orula, mediante la cual, dentro de estas tradiciones, se busca obtener orientación sobre el camino o destino de una persona. Otura considera que conocer ese camino permite evitar decisiones incompatibles con la propia vida espiritual. De ahí surge también su insistencia en no improvisar con prácticas encontradas en internet. Algo aparentemente sencillo como encender determinadas velas, asegura, puede poseer significados específicos dentro de distintos sistemas religiosos. Su recomendación es no experimentar con rituales que una persona desconoce ni asumir que todos los símbolos espirituales son intercambiables.
Como práctica personal, Otura comparte durante el episodio una preparación tradicional de limpieza que incluye agua, flores blancas, cascarilla y una pequeña cantidad de aguardiente, utilizada externamente después del baño habitual. Se trata de una práctica espiritual tradicional, no de un tratamiento médico ni de un método científicamente demostrado para eliminar enfermedades o modificar acontecimientos externos. De la misma manera, cualquier problema persistente de salud física o mental requiere atención profesional independientemente de las prácticas religiosas que una persona decida seguir.
Al final, el nuevo episodio de Invitado a lo Desconocido termina hablando menos sobre cómo atacar a un enemigo y mucho más sobre qué sucede cuando una persona permite que el deseo de venganza determine sus acciones. Armando Bonilla, Driel Molmont y Otura recorren relatos de brujería, salación, oráculos y experiencias sobrenaturales para llegar a una advertencia compartida por numerosas tradiciones espirituales: responder al daño convirtiéndose deliberadamente en agresor puede iniciar una cadena mucho más difícil de detener. Desde la visión del Babalawo, protegerse es válido; obsesionarse con destruir al otro es entrar voluntariamente en su misma guerra. Y quizá ahí se encuentre la pregunta más inquietante del capítulo: ¿qué precio estaríamos dispuestos a pagar por vengarnos de alguien que nos hizo daño?


