Cruces de caminos, portales del más allá

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Desde la más remota antigüedad, los cruces de caminos han sido considerados espacios mágicos de acceso a otros mundos. Precisamente en una encrucijada selló un pacto con el diablo el mejor bluesman de toda la historia.

Lourdes Gómez – @Lourdesgm13 – Se dice que Robert Johnson vendió su alma al diablo para tocar el blues como nadie. Cuenta la leyenda que esperó en un cruce de caminos -en el de la autopista 61 con la 49, en Clarksdale (Misisipi)- y allí se le apareció lucifer para sellar el pacto.

Músicos cercanos a Johnson afirmaron que, antes de aquel supuesto encuentro diabólico, era un guitarrista del montón; desapareció un tiempo, aseguran, y volvió convertido en una leyenda de la guitarra. Tengamos en cuenta que solo se conservan un puñado de grabaciones de Robert Johnson y, con tan poco material, está considerado el mejor bluesman de todos los tiempos.

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Robert Johnson en 1935

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A raíz de su reaparición surge la leyenda del pacto con el diablo en un cruce de caminos. Aunque no se pueda demostrar la veracidad de este encuentro, sí que podemos afirmar que seis de las canciones de Johnson hablan del diablo. En su composición Crossroad blues -El blues de la encrucijada- dice: “fui a la encrucijada y caí de rodillas, pedí al Señor ten piedad, salva, por favor, al pobre Bob”.

Debido a esas carambolas del destino, Robert Johnson falleció en un cruce de caminos. Ocurrió en agosto de 1938 en Misisipi; y otro dato más para la leyenda: pertenece, como tantos otros artistas, al club de los 27, pues falleció a esta edad, según se piensa, fruto de un envenenamiento a causa de un triángulo amoroso.

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Aunque existen varias tumbas de Robert Johnson, parece que ninguna de ellas alberga su cuerpo. Otra de las numerosas leyendas que rodean su vida indican que estaría enterrado bajo un árbol, junto a un cruce de caminos, como expresa una de sus canciones: “enterrad mi cuerpo junto a la carretera para que mi viejo y malvado espíritu pueda subirse a un autobús…”. El cruce de caminos donde, supuestamente, vendió su alma al diablo, se ha convertido en enclave de peregrinación para muchos de sus fans.

Robert Johnson no habría elegido un lugar casual para su pacto. Los cruces de caminos son considerados enclaves mágicos en muchas culturas, espacios donde lo imposible podría hacerse realidad. En la antigua Grecia, por ejemplo, había deidades encargadas de cuidar las encrucijadas, como Hermes o Hécate. Posteriormente, los romanos celebraban fiestas compitales. Compitum significa encrucijada y estas celebraciones tenían lugar, precisamente, en los cruces de calles y caminos. Además, los romanos construían altares de protección en estos puntos.

Durante la Edad Media, las encrucijadas eran lugares para temer. Hubo personas que fueron condenadas a muerte en estos espacios. El objetivo: que los ajusticiados no pudieran encontrar el camino a la otra vida. Para la teología cristiana, dichos enclaves eran terreno del demonio. Tras el Concilio de Trento se impulsó la construcción de cruceros en las encrucijadas de caminos y en las entradas a los pueblos.

En todo el mundo existen leyendas relacionadas con el carácter mágico de las encrucijadas. Encarna, una de mis oyentes en el Serano, la sección de misterio que realizo en el programa La Tarde Contigo de Canal Extremadura Radio, nos contó que en su pueblo, Valverde del Fresno (Cáceres) existe un paraje conocido como “Las encrucillás”. Cuenta le leyenda que si se pronuncia una determinada oración en este lugar, “se levanta tal aire que es imposible aguantarlo”.

Yo crecí en un lugar precioso: el Valle de Hecho, en la provincia española de Huesca, en pleno pirineo aragonés. Desde pequeña me llamó la atención un pequeño altar que había junto a un cruce de caminos. Estaba dedicado a San Antón. Siempre que pasaba por allí me acercaba hasta el altar y me preguntaba por qué esa ermita tan pequeña estaba situada precisamente en ese espacio. Ahí nació mi interés en esta cuestión, una curiosidad que he podido resolver gracias a los datos que he ido aprendiendo con el paso del tiempo y que os comparto en este artículo.

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Capilla de San Antón, Hecho (Huesca). Fotografía: Lourdes Gómez.

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San Antón, Hecho (Huesca). Fotografía: Lourdes Gómez.

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Lourdes Gómez en la Capilla de San Antón. Hecho (Huesca).

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Fuentes: El Serano (Lourdes Gómez), Extremadura Infinita (Lourdes Gómez); El País.

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