Europa atraviesa una nueva etapa de tensión con Rusia y Alemania se encuentra en uno de los puntos centrales de la crisis. En septiembre de 2026, el gobierno alemán responsabilizó formalmente a Rusia de un intento de ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig/Halle y anunció represalias diplomáticas, incluida la clausura de un consulado ruso; Moscú ha rechazado las acusaciones. El episodio se suma a otros incidentes investigados como posibles actos de sabotaje y operaciones híbridas en territorio europeo. En Noche de Lluvia, Lourdes Gómez analiza estos acontecimientos y se pregunta hasta dónde podría avanzar una confrontación que, por ahora, permanece muy lejos de constituir una declaración formal de una Tercera Guerra Mundial.
El concepto de guerra híbrida resulta fundamental para entender el escenario. En lugar de limitarse a tanques y soldados, este tipo de confrontación puede combinar ciberataques, sabotaje, interferencia electrónica, campañas de desinformación, presión económica y operaciones destinadas a generar inestabilidad social. La OTAN sostiene que Rusia ha intensificado acciones híbridas contra países aliados y menciona expresamente actividades cibernéticas, sabotaje y la instrumentalización de la migración irregular; Moscú, por su parte, ha negado distintas acusaciones occidentales sobre operaciones atribuidas a su gobierno. La dificultad está precisamente en que muchas de estas acciones ocurren por debajo del umbral de una guerra convencional, haciendo más compleja tanto la atribución de responsabilidades como la respuesta política.
Al mismo tiempo, Europa está reforzando su preparación civil. La estrategia de preparación de la Unión Europea recomienda que la población pueda mantenerse con suministros esenciales durante un mínimo de 72 horas frente a interrupciones de servicios, ciberataques, sabotajes, desastres naturales u otras crisis; por tanto, la recomendación no constituye por sí misma una advertencia de que una guerra sea inminente. Finlandia llevó esta preparación a un escenario práctico este septiembre con un ejercicio en Kuopio que reunió a más de 2,000 personas en un refugio de defensa civil y que Yle describió como el mayor simulacro de este tipo realizado en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El escenario contempló ciberataques contra agua y electricidad y una creciente amenaza de ataques con misiles.
El episodio conecta esta realidad geopolítica con un terreno muy diferente: las profecías. Lourdes recupera interpretaciones atribuidas a Benjamín Solari Parravicini y a antiguos vaticinios que algunos seguidores relacionan con guerras devastadoras, tecnología militar y un papel central de Alemania. Estas asociaciones pertenecen al ámbito profético y esotérico y no permiten anticipar acontecimientos geopolíticos de manera verificable. El riesgo es interpretar acontecimientos contemporáneos a partir de textos ambiguos después de que suceden. Lo comprobable es que las instituciones europeas sí consideran entre sus amenazas actuales los conflictos geopolíticos, los ataques híbridos, el sabotaje de infraestructura crítica y la manipulación informativa, razón por la que han impulsado ejercicios y estrategias de resiliencia.
La gran pregunta de Noche de Lluvia no es si una profecía garantiza una Tercera Guerra Mundial, sino por qué gobiernos europeos están dedicando cada vez más recursos a preparar a sus sociedades para escenarios extremos. Tener agua, alimentos, medicamentos, iluminación, baterías y medios de comunicación para superar las primeras horas de una emergencia forma parte de una política de resiliencia aplicable tanto a una guerra como a apagones, desastres o ataques contra infraestructura. Entre drones, ciberoperaciones y una relación entre Berlín y Moscú cada vez más deteriorada, Europa enfrenta riesgos reales; distinguirlos de predicciones y escenarios todavía hipotéticos resulta esencial para comprender qué está ocurriendo y qué pertenece, por ahora, al terreno de la posibilidad.


